APRENDIENDO A JUGAR
APRENDIENDO A JUGAR
Con el paso
del tiempo me he pillado a mí mismo jugando a un juego muchísimo más
complejo de lo que imaginaba. Aquello que el aprendizaje destilaba como
conclusión, y que servía (por un tiempo al menos) como guía para
aferrarme a la definición de mi propia identidad, cambia a una velocidad
tan sumamente rápida, que el aprendizaje, en este momento de mi vida,
consiste, más que en concluir y destilar vivencias, en prácticamente lo
contrario.
Me cuestan cada vez más las
certezas, las propias y las ajenas. ¿Si todo está cambiando todo el
rato? ¿Qué sentido tiene definirlo? Y lo curioso es que este proceso de
definición inconclusa de verdades me permite hallarlas, pero son tan
livianas, nacen tan caducas, que lo único que uno puede hacer es jugar
con ellas como juega el viento con el plumón, ya que si las agarras, si
te aferras a ellas, matas la esencia de lo que están hechas.
El
movimiento (o movicierto, jugando con el lenguaje) que observo que mi
forma de aprender está estableciendo para seguir avanzando en la
comprensión del juego, tiene más que ver con el lenguaje de lo visual,
de lo sentido, que de lo razonado. Y sí, de repente me viene una palabra
que intenta contener el sentido, y lo hace, y algo hace «clic», encaja,
y aunque es tan solo una pieza de un puzle infinito, en ese instante lo
entiendo todo sin entender nada.
Miguel Tárrega
Reviewed by Miguel Tárrega Fernández - Mellado
on
15:03:00
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