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Montevideo y Cabo Polonio

Diez días después de subirme al avión...

¡Dios mío! ¡Esto es increíble! Llevo diez días de viaje y me podría volver a España hoy mismo con la sensación de que el viaje ha valido la pena... ¡qué cantidad de emociones, sensaciones, personas de diferentes países, lugares, experiencias...!

Llegué a Montevideo y me recibieron genial. La experiencia del couchsurfing, de momento, no puede ser mejor; ha superado con creces mis expectativas. La gente, de momento, es como debe de ser: gentil, amable y, sobre todo, confiada. Y es que, una vez más, si algo me están confirmando estos primeros pasos, es que no sé por qué carajo nos empeñamos en anteponer la desconfianza a la confianza. La gente, con sus historias como todos, es en esencia buena, y rociarla de prejuicios negativos de desconfianza (y somos muy dados a esto...) es un error que hemos de corregir ¡pero ya!

Montevideo es, como dicen por aquí, lindo. He visto murgas en el Velódromo con las que me he partido de risa; son como las chirigotas gaditanas, pero en versión uruguaya. He subido al Cerro de Montevideo (MONTE-VIDEO), término que pusimos los españoles al pasar por estas tierras, ya que Uruguay es fundamentalmente plano, ¡como Castilla!, y el monte o cerro más alto en Uruguay apenas llega a la altura del Cerro de San Cristóbal de Valladolid. Fue este monte el que utilizaron de referencia según iban navegando hacia el Sur. También me he perdido por la ciudad vieja, he recorrido la rambla, he cogido el 188 en Boulevard Artigas, he dado una vuelta en moto por los barrios más humildes con las magníficas explicaciones históricas de Sebas. Hemos comido la oreja a un miliko para que nos dejase entrar en el fuerte Español desde el que se ve toda la bahía montevideana... En fin, que no he parado.

Es esta una ciudad tranquila y un poco desconchada, con aceras levantadas y casas antiguas. Eso sí, con un nivel cultural de ole... no tiene nada que ver con las ciudades españolas. A lo mejor, si buscase un parecido en Europa, la compararía con Oporto. Es de las pocas capitales del mundo con acceso directo al mar y una rambla de 22 km de largo... Pero, como aún no pude bajar las fotos de la cámara, no os puedo mostrar todo esto. En cuanto pueda, ¡subo las fotos!

Bueno, y después de Montevideo... Cabo Polonio. No tengo palabras para describir las emociones y sensaciones que he vivido allí. Sin agua, sin luz, solo con la luz de un faro y de una hoguera a las cuatro de la madrugada, compartida con chilenos, uruguayos, argentinos, un músico español, y todo esto con música improvisada de músicos con chelos, violín, guitarras... ¡Qué noches! No creo que Cádiz llegue a la altura de la magia que tiene este sitio, o sí... La gente de buena onda (como dicen aquí), dispuesta a compartir un mate, un cigarrito de la risa, una reflexión... y todo esto bañado con un firmamento puro en el que la Cruz del Sur hace al fin su aparición delante de mis ojos. ¡INCREÍBLE!

Definitivamente, "el Polonio" será para mí uno de los sitios más mágicos de la tierra.

Ahora, entre murgas y nuevos amigos, ¡a seguir camino!

¡Un beso a todos!





Montevideo y Cabo Polonio Reviewed by Miguel Tárrega Fernández - Mellado on 13:18:00 Rating: 5

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