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Viajando en un jeepney filipino

Existen muchos lugares desde los que observar la vida de los habitantes de un país que no conoces, muchos los puntos estratégicos que aportan a los ojos del viajero una gran cantidad de información sobre la idiosincrasia de sus habitantes, pero sin lugar a dudas, uno en los que más aprendes, es en sus transportes públicos. 



Allí puedes observar camuflado entre sus gentes, lo que cuentan las miradas de aquellos a quien no conoces y a quienes has ido a descubrir, el grado de comunicación entre ellos, su vestimenta, el nivel de vida de sus gentes, lo que transportan, la velocidad a la que viven…

Y si en todos los países esta fórmula funciona, ha sido en Filipinas dónde he acabado de enamorarme por completo de esta parte del viaje, la de moverse, pues la variedad de vehículos en los que te puedes mover es tan grande, que cada vez que decides desplazarte, sabes que el trayecto será sin duda, un lugar nuevo desde el que mirar y sorprenderte.

Uno de los que más me han gustado, han sido los tricycles filipinos (sidecares), un pequeño medio de transporte, un poco ruidoso, pero muy divertido, que es el más utilizado por los filipinos en la áreas rurales, pues pocos son los que tienen moto propia, y menos coche, y están tan generalizados, que prácticamente todos tricycles que ves funcionan como taxis, así que podríamos decir, que en las pequeñas poblaciones filipinas, la mayor parte del tráfico rodado, es público.

Tomando la curva...
Tricycle en ciudad colonial de Vigan

Están pensados para los filipinos, como es natural, por lo que cuando te subes a uno de ellos, todo es un poco más pequeño de lo que tu cabeza necesitaría para no ir dando golpes contra el techo de metal... -"je-je-je, ¿gracioso?", piensas cuando te has dado el enésimo golpe con ese "pequeño bache" y los filipinos se ríen de ti y contigo....

Y es curioso ir viendo como la forma de estos tricycles, va cambiando en función de la isla en la que te encuentres, así por ejemplo en la isla de Camiguín, estaba muy extendido el concepto de mini jeepney, una moto a la que han acoplado una caja de metal detrás, con dos bancos corridos a cada lado, y en la que en el centro está incrustada la parte de atrás de la moto del conductor, puff no sé la cantidad de personas que he llegado a ver subidas en un mini jeepney… pero muchas más de las que nunca pensé que podía transportar una moto.

Aunque si existe algún medio de transporte en Filipinas, que sea representativo del país son los jeepneys, antiguos jeeps convertidos en autobuses, que el ejército americano dejó tras la segunda guerra mundial. Estos recorren las calles y carreteras como museos andantes, pintados con llamativos y alegres colores, llenos de cachivaches decorativos, y decorados con eslóganes positivos y religiosos: “God is Love”, “Be honest”, la vida dentro del jeepney es toda una fuente de información.

Jeepney tuneado en Manila
En un país con más de 100.000 millones de habitantes, los jeepneys normalmente suelen ir hasta la bandera, esto es, con unas veinticinco personas sentadas en los dos asientos paralelos y enfrentados de su interior, pero claro al contar con un espacio tan reducido, (las puntas de los pies se tocan con el de enfrente), y en los que no te puedes levantar completamente, en los días de calor el lugar se vuelve bastante sofocante, si no fuese porque están completamente abiertos, y que corre algo de airecillo cuando están en marcha, estoy convencido de que, entre todos los que habitamos el trayecto, llegaríamos a fundirnos en solo cuerpo.

Cuando no caben más personas dentro, la gente empieza a subirse a este dinosaurio mecánico agarrándose a las barras exteriores con lo que puede, y ya en los trayectos largos, subiéndose al techo con el equipaje de los de abajo. A veces, cuando te ves sentado casi de perfil entre dos filipinos, sacando la cabeza para respirar, y piensas… “ya no cabe nadie más”, llega alguien con el gallo debajo del brazo y las verduras del mercado, y se mete a presión en la parte de atrás, obligándonos a todos a sentarnos un poquito más apretados. El colmo de ese tetris filipino, llega en el momento en el que uno de los de adelante golpea con una moneda la barra de arriba a la que vas asido (como si ese fuese tu último punto de referencia con la realidad antes de pasar al estado de un solo cuerpo), indicando con ese característico “tin tin”, que esa es su parada. Si la persona es ágil, pude moverse bien, y el jeepney está lo suficientemente vacío, atraviesa los tres metros del "pasillo" sin necesidad de que nadie se baje, pero si es alguien que por su condición físca o edad no puede hacerlo, cada parada supone un verdadero desembarco de gente que sale a presión del lugar para luego volver a entrar…

Otra de las cosas curiosas en, "la vida dentro de un jeepney", es el sistema de pago. Por lo general el trayecto tiene un coste en las ciudades de 7 pesos filipinos (unos 0,1 euros), y al ser el billete más pequeño de 20 pesos, todo se paga en monedas al conductor. La película es de risa, cuando entre esa maraña de gente, las monedas de los pasajeros van pasando de mano en mano (como la falsa monea), hasta que llegan al conductor, quien las recoge sin saber de quién procede el dinero, y si se necesita cambio. En las localidades pequeñas, son los propios pasajeros los que lo gestionan cogiendo del bote común que se va formando hasta llegar al conductor, y en las ciudades grandes, una persona, otra más, hace de recaudador.

Jeepney en Camiguín, Visayas Filipinas

Es en esos trayectos entre localidades rurales, dónde viajar en jeepney se convierte en toda una experiencia en la que, mientras el bonito paisaje invade el espacio común entrando por cada ventana, intercambias a voces, devuelves sonrisas a quien te mira por diferente, y el hecho de viajar, se ajusta como un guante al valor de la palabra.

El jeepney, es para mí una acertada metáfora sobre de Filipinas. Un país rebosante de vida, que pinta sus días con los más increíbles colores, vive la religión católica hasta en los autobuses y se mueve en el presente con las destartaladas ruinas que dejaron otros en su pasado.


¡Un saludo!
Viajando en un jeepney filipino Reviewed by Miguel Clark on 3:21:00 Rating: 5

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