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La Bombonera no tiembla...

Como comentaba en la entrada anterior, escribí en la página de couchsurfing, ese mismo domingo a las nueve de la mañana, un aviso: "URGENTE: ¿Quién me acompaña a ver el partido de Boca Juniors de hoy?"

Y ya daba el asunto por fracasado, cuando, a eso de las 18.15 de la tarde, recibo un mensaje de un tal Rodrigo, a quien no me costó mucho convencer —al ser él un bostero (seguidor de Boca Juniors) convencido— para asistir al estadio de Boca, la Bombonera, situado en el barrio obrero del sur de Buenos Aires, La Boca.

Al subir en el colectivo, trazamos un plan. En la primera fase del mismo, y teniendo en cuenta que tendríamos que comprar las entradas en la reventa, yo no abriría la boca, pues si detectaban que era gallego (aquí llaman a todos los españoles gallegos), las posibilidades de que nos intentasen cobrar más o vendernos entradas falsas se multiplicarían de forma considerable. Ese era nuestro gran miedo, ya que es bastante habitual que las entradas de reventa sean falsas; a él ya le había pasado en una ocasión.

Tras decir que no a un vendedor que bajó el precio de las entradas demasiado rápido y nos presionó para comprarlas, conseguimos hablar con un cojo, que nos aseguró que eran buenas. Comprobamos la fecha, el partido, y todo era correcto, así que para adelante. Además, tal y como nos dijo el mismo, tampoco podría correr muy rápido en caso de que fuésemos a buscarlo. El problema se presentó cuando fuimos a entrar en el estadio con la afición de Boca, puesto que la "jugada" resultó ser que las entradas eran para entrar con los ultras del Unión de Santa Fe, equipo colista de la primera división argentina, ya prácticamente desentendido.

No nos quedó otra que activar la segunda parte del plan, en la que yo debería desplegar todas mis artes teatreras para convencer a los guardias de que nos dejasen pasar. Ahí sí, ahí mi acento podría jugar en nuestro favor. Bueno, empecé convenciendo y haciendo reír a todos los de seguridad, y lo máximo que conseguí fue que viniese el jefe de los jefes de los seguratas, quien, con excesiva profesionalidad, no me dio ni opción. No.

Así que no nos quedó otra que, tras tres registros y cacheos —éramos ultras del Unión—, subir a lo más alto de la Bombonera, a integrarnos con la barra brava del equipo visitante. Rodrigo era bostero, y para él ir a ver a su equipo, en su estadio, el día de la reaparición de Riquelme, con la afición visitante era cuanto menos una traición. Menos mal que es un tipo razonable, y vivió la experiencia sin dramatismo futbolero, y con cierta curiosidad ante tal situación. Total, que activamos la fase tres de nuestro plan, en la que yo haría de gallego de visita a la Argentina (tarea fácil para mí), y él se convertiría en uruguayo, pues el acento es prácticamente igual. Sea como fuere, había que evitar que se diesen cuenta de que había un infiltrado bostero en las filas enemigas.

La sensación de subir y subir por las escaleras de hormigón bastante maltrechas y llegar a lo alto de la Bombonera para, de repente, salir al estadio con un griterío ensordecedor y ver de frente a los de la 12 en pleno cántico de animación a Boca fue increíble. Pero el ambiente que encontramos a este lado del estadio, con todo el mundo animando a Unión, nos hizo rápidamente reposicionarnos de nuevo: nuestro equipo no era Boca, era el Unión de Santa Fe, o no saldríamos vivos de allí.

Bueno, la primera parte, al llegar con el partido ya empezado, no fue muy problemática. El tema fue al descanso, cuando un chaval joven se dio cuenta de mi acento y dijo: "¡Si tenemos un gallego!" Y en ese momento se giraron tres más con cara de curiosos... Me empezaron a hacer preguntas sobre el Madrid, Messi, etc... Y cuando eso se acabó, me preguntaron que cómo es que estaba allí, con la afición del Unión. Y ahí es donde, entre Rodrigo y yo, y un par de tacos diferentes en plan: "¡Coño! ¡Si tenéis un equipazo!" y "¡Joder! Cómo animáis, sentís la hostia los colores de vuestro equipo", bla, bla... Nos los ganamos a todos. Hay que ver lo que hace el acento... Esta vez a quien le tocó dar pocas explicaciones fue a Rodrigo, aunque le puse en un par de compromisos cómplices al preguntarle cómo vivía el partido un uruguayo... Jeje, nada, resolvió bien.

El caso es que aquello se fue convirtiendo en una fiesta, pues inexplicablemente le estábamos metiendo tres a Boca, y al ser un equipo descendido y jugar en la Bombonera, aquello era... ¡una fiesta!

Aun así hubo un momento en que todo el estadio arrancó a animar a Boca, y ahí noté que el estadio empezaba un poco a temblar; a esa altura la sensación es un poco de acojono. Al final del partido, tras los insultos al árbitro de rigor, pero en versión argentina ("¡hijo de las mil putas! ¡la concha de tu madre!", etc...), yo me reía en silencio (y alguna soltaba, claro...). Acabó el partido, convirtiéndose la zona en la que estábamos en un fiestón de alegría. En ese momento, un chaval joven con la cara hinchada de emoción se quitó la camiseta y me dijo: "Para vos, se la regalo". Y me lo dijo con tanta emoción que le di un abrazo enorme, como si con eso quisiera devolverle el gesto de regalar "al gallego, que nos ha dado suerte", la camiseta del día en el que un descendido, el Unión, le metió tres al Boca en su cancha. ¡Olé, chaval, eres un grande!

Más tarde, comentando con Rodrigo lo sucedido, las sensaciones tenidas durante el partido, y el momento de acojono al temblar el estadio —eso sí, con la camiseta de los visitantes bien escondida—, fue cuando le volvieron a salir los colores y el bostero que lleva dentro, y me dijo: "La Bombonera no tiembla, late."      
 
 
 
La Bombonera no tiembla... Reviewed by Miguel Tárrega Fernández - Mellado on 15:09:00 Rating: 5

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