Mi Buenos Aires queridoooo
Dice Isma que Buenos Aires tiene más radiotaxis que sentimientos, y la verdad, esta ha sido una de las primeras frases que me vino a la cabeza, al ver colapsada totalmente una avenida, de cinco carriles, por taxis amarillos y negros...
Llegué en barco a la que hace doscientos años fuera capital del Virreinato del Río de la Plata, hasta que en Mayo de 1810 se independizaron de España, y lo primero que me sorprendió fue que el puerto sea parte del centro de esta megaciudad de 13.000.000 de personas. Te bajas del barco y estás en la avenida Córdoba, deambulando y sorteando taxis y personas, mientras te sientes muy pequeñito e intentas encontrar alguna pista que te marque el camino en esta jungla de locura y frenesí. ¡Qué barbaridad!
Llegué, milagrosamente sin muchas dificultades, a la casa de mi nueva amiga y en breve futura filósofa, tras subirme en el autobús 109, con quien he mantenido un idilio durante estos cinco días. Cuando veáis las fotos entenderéis por qué, y es que los autobuses aquí, no todos, son bastante bonitos.
Después de asomarme al balcón de la casa, y encontrarme con la avda Córdoba a mis pies, y tomar consciencia real de las dimensiones y el tráfico con el que iba a tener que batallar durante estos días, me lancé a la ciudad dispuesto a conocer los lugares más emblemáticos: la Plaza de Mayo, la Casa Rosada (que sería como nuestra Moncloa), y que siempre ha sido rosada, pero cuentan los bonaerenses, con bastante chufla, que desde que Cristina Fernández Kirchner es presidenta de la nación, la ha pintado tan de rosa, que ahora parece la Casa Rosa en vez de la Casa Rosada, y por la noche, con la iluminación, es ya por demás... Paseé por la famosa avda Corrientes, donde se amontonan los teatros (conté más de doce, y luego se me fue la pinza con otras cosas...) y también las librerías abiertas pasada la media noche, el obelisco de la Avda 9 de Julio (dicen que es la avenida más ancha del mundo), el Congreso, donde asistí a un mitin de Cristina en pleno populismo exacerbado... Bueno, un sinfín de sitios de los que había oído hablar en tantas canciones y que ahora iban tomando forma, que hacían que la visita prometiese...
Fui a una proyección de ballet en el Teatro Colón, que es, además de monumento nacional, una obra de arte. Imaginaros el Calderón pero por cinco. A ver si puedo subir un vídeo que grabé, porque el último no me lo dejó subir... Bueno, y por cierto, la entrada me costó 10 euros. Mola porque esas cosas son bastante asequibles para todo el mundo, no así la comida, que es igual de cara o más que en España, con excepción de la carne...
Salí con Elías y Laura a tomar unos tragos, que es como se dice aquí a salir de copas, y no tiene nada que ver. Te preparan las copas con coctelera y con mezcla de diferentes bebidas. Me quedé con ganas de decir eso de... "Agitado, no mezclado" jeje. El caso es que conocí la noche porteña de San Telmo, con bastante intensidad.
Después paseé por Palermo, y tras un plantón inesperado, que echaba por tierra mi ilusión de poder ir a ver al Boca Juniors a la Bombonera, tuve que poner toda la carne en el asador para conseguir poder ir al partido. Me conocéis ya, y sabéis que a mí el fútbol me dejó de entusiasmar hace tiempo, pero la intensidad con la que se viven aquí los partidos de fútbol merece ser experimentada. Por lo que puse un aviso en la página de couchsurfing, para ver si algún bostero se animaba a ir conmigo al partido. Bueno, pues dos horas antes apareció Rodrigo, a quien, tras insistirle un poco (no mucho... ;) para que nos acercásemos al estadio a ver si había suerte y conseguíamos un par de entradas, se animó y me acompañó al barrio de La Boca. Lo que pasó a partir de aquí merece una entrada aparte en el blog... Jeje.
Finalmente, la última noche me fui a una milonga (como nuestra verbena nacional) para disfrutar del tango de barrio, gracias a los consejos de Rodrigo, quien me indicó cómo huir de los espectáculos de tango para turistas, y me habló de un club social en Palermo donde la gente va a bailar tango, y después una pareja profesional realiza una exposición. El sitio cutre, la entrada cinco euros, el tango increíble (para alguien que ha visto tango en su vida, claro...).
Y tras mirar el reloj y darme cuenta de que eran las dos de la mañana (de un lunes), decidí volverme a casa con la satisfacción de que, aunque cinco días no da prácticamente para nada (y eso que también estuve en el Museo de Arte Latinoamericano, en el cementerio de Recoleta, que es una miniciudad de los muertos digna de conocer... lo que hace el ser humano para preservar la memoria de los muertos :-\), no creo que hubiese podido aguantar esa locura de ciudad mucho más tiempo, ni yo, ni mi cartera... Así que me despedí también de los grafitis que destrozan la ciudad, de los motoristas suicidas que se juegan la vida en el laberinto de coches de Corrientes (suerte, muchachos...), de los cartoneros que separan la basura cada noche y dejan sin función a los contenedores, de las cagadas de perro que adornan las aceras, de los preciosos y destrozados edificios coloniales, y partí.
Ahora, según escribo estas líneas camino a Viedma, tomo consciencia de que creo que he conocido una de las ciudades más increíbles del mundo.
¡Esperiención!
¡Un besote para todos!
Llegué en barco a la que hace doscientos años fuera capital del Virreinato del Río de la Plata, hasta que en Mayo de 1810 se independizaron de España, y lo primero que me sorprendió fue que el puerto sea parte del centro de esta megaciudad de 13.000.000 de personas. Te bajas del barco y estás en la avenida Córdoba, deambulando y sorteando taxis y personas, mientras te sientes muy pequeñito e intentas encontrar alguna pista que te marque el camino en esta jungla de locura y frenesí. ¡Qué barbaridad!
Llegué, milagrosamente sin muchas dificultades, a la casa de mi nueva amiga y en breve futura filósofa, tras subirme en el autobús 109, con quien he mantenido un idilio durante estos cinco días. Cuando veáis las fotos entenderéis por qué, y es que los autobuses aquí, no todos, son bastante bonitos.
Después de asomarme al balcón de la casa, y encontrarme con la avda Córdoba a mis pies, y tomar consciencia real de las dimensiones y el tráfico con el que iba a tener que batallar durante estos días, me lancé a la ciudad dispuesto a conocer los lugares más emblemáticos: la Plaza de Mayo, la Casa Rosada (que sería como nuestra Moncloa), y que siempre ha sido rosada, pero cuentan los bonaerenses, con bastante chufla, que desde que Cristina Fernández Kirchner es presidenta de la nación, la ha pintado tan de rosa, que ahora parece la Casa Rosa en vez de la Casa Rosada, y por la noche, con la iluminación, es ya por demás... Paseé por la famosa avda Corrientes, donde se amontonan los teatros (conté más de doce, y luego se me fue la pinza con otras cosas...) y también las librerías abiertas pasada la media noche, el obelisco de la Avda 9 de Julio (dicen que es la avenida más ancha del mundo), el Congreso, donde asistí a un mitin de Cristina en pleno populismo exacerbado... Bueno, un sinfín de sitios de los que había oído hablar en tantas canciones y que ahora iban tomando forma, que hacían que la visita prometiese...
Fui a una proyección de ballet en el Teatro Colón, que es, además de monumento nacional, una obra de arte. Imaginaros el Calderón pero por cinco. A ver si puedo subir un vídeo que grabé, porque el último no me lo dejó subir... Bueno, y por cierto, la entrada me costó 10 euros. Mola porque esas cosas son bastante asequibles para todo el mundo, no así la comida, que es igual de cara o más que en España, con excepción de la carne...
Salí con Elías y Laura a tomar unos tragos, que es como se dice aquí a salir de copas, y no tiene nada que ver. Te preparan las copas con coctelera y con mezcla de diferentes bebidas. Me quedé con ganas de decir eso de... "Agitado, no mezclado" jeje. El caso es que conocí la noche porteña de San Telmo, con bastante intensidad.
Después paseé por Palermo, y tras un plantón inesperado, que echaba por tierra mi ilusión de poder ir a ver al Boca Juniors a la Bombonera, tuve que poner toda la carne en el asador para conseguir poder ir al partido. Me conocéis ya, y sabéis que a mí el fútbol me dejó de entusiasmar hace tiempo, pero la intensidad con la que se viven aquí los partidos de fútbol merece ser experimentada. Por lo que puse un aviso en la página de couchsurfing, para ver si algún bostero se animaba a ir conmigo al partido. Bueno, pues dos horas antes apareció Rodrigo, a quien, tras insistirle un poco (no mucho... ;) para que nos acercásemos al estadio a ver si había suerte y conseguíamos un par de entradas, se animó y me acompañó al barrio de La Boca. Lo que pasó a partir de aquí merece una entrada aparte en el blog... Jeje.
Finalmente, la última noche me fui a una milonga (como nuestra verbena nacional) para disfrutar del tango de barrio, gracias a los consejos de Rodrigo, quien me indicó cómo huir de los espectáculos de tango para turistas, y me habló de un club social en Palermo donde la gente va a bailar tango, y después una pareja profesional realiza una exposición. El sitio cutre, la entrada cinco euros, el tango increíble (para alguien que ha visto tango en su vida, claro...).
Y tras mirar el reloj y darme cuenta de que eran las dos de la mañana (de un lunes), decidí volverme a casa con la satisfacción de que, aunque cinco días no da prácticamente para nada (y eso que también estuve en el Museo de Arte Latinoamericano, en el cementerio de Recoleta, que es una miniciudad de los muertos digna de conocer... lo que hace el ser humano para preservar la memoria de los muertos :-\), no creo que hubiese podido aguantar esa locura de ciudad mucho más tiempo, ni yo, ni mi cartera... Así que me despedí también de los grafitis que destrozan la ciudad, de los motoristas suicidas que se juegan la vida en el laberinto de coches de Corrientes (suerte, muchachos...), de los cartoneros que separan la basura cada noche y dejan sin función a los contenedores, de las cagadas de perro que adornan las aceras, de los preciosos y destrozados edificios coloniales, y partí.
Ahora, según escribo estas líneas camino a Viedma, tomo consciencia de que creo que he conocido una de las ciudades más increíbles del mundo.
¡Esperiención!
¡Un besote para todos!
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Reviewed by Miguel Tárrega Fernández - Mellado
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5:16:00
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